lunes 21 de julio de 2008

La memoria sesgada nunca será histórica...

Hacer memoria presupone haber olvidado previamente algo. Cuanto más sangrante e injusto es un agravio más difícil se hace de olvidar. Son muchos los mayores de nuestros pueblos y aldeas que, en el relato de su propia biografía, al llegar a los aciagos años de la Guerra “incivil” (como acertadamente la denominó Unamuno), pasan de puntillas. ¿Se habrán olvidado? - ¡No.Imposible el olvido, mejor no hablar de aquello! dicen. ¿Para qué remover? En los hogares cristianos donde hubo un mártir jamás se alimentó el rencor en los hijos o nietos, sólo hubo silencio cuando el niño llegaba a casa con preguntas gruesas o en respuesta a sus interregantes recibía palabras de perdón para los asesinos. Fueron tiempos de injusticias como puños… Silenciar no es olvidar sino un gesto de magnanimidad. Pero si a hacer memoria me obligan ¡recordemos!

He visto a la Iglesia católica -con bondad y espíritu de reconciliación- manifestarse perdonado a los asesinos con la carta de 1 de julio de 1937: “Constructores de la Paz”; y en 1986 con el documento “La fidelidad de Dios dura siempre”; con verdadera actitud de humildad pidiendo perdón en la declaración del episcopado en 1999. Sin embargo, aún estoy por ver a algunas de las organizaciones herederas de las siglas e idearios políticos implicados en la masacre, pedir perdón por el genocidio cometido contra civiles desarmados, que fueron selectivamente asesinados por el mero hecho de ser cristianos. PSOE, PCE, POUM, CNT, FAI… ¿pedirán perdón algún día? ¿realizará el gobierno de España una declaración institucional de condena de aquellos hechos: las quemas del año 1931 y las matanzas selectivas de civiles del 36 al 39, frente a los que prefirió mirar hacia otro lado y no intervenir como era su deber primero?

Jordi Albertí en su obra El silenci de les campanes, la persecució religiosa durant la guerra civil, sostiene la tesis de que las matanzas del 36 fueron planificadas por los comunistas libertarios, el partido anarquista (la FAI) y su sindicato, la CNT y que otros grupos de la izquierda fueron cómplices. He aquí la crónica:

El año 1931, mes de mayo: asaltos, saqueos y quemas de casi 100 iglesias y edificios religiosos en Madrid, Valencia, Alicante, Murcia, Sevilla y Cádiz. La Guardia Civil y los bomberos no intervienen.

El año 1932: Expulsión de los jesuitas (más de 3.000). Quemas y asaltos de edificios eclesiasticos en Zaragoza, Córdoba, Cádiz (enero); Sevilla (abril); Granada (julio), Cádiz, Sevilla y Granada (octubre). Hechos realizados con absoluta impunidad.

El año 1934: Revolución de Asturias, 33 curas y religiosos asesinados en Mieres, Turón, Oviedo.

Año 1936, antes del 18 de julio, día de la rebelión militar: 17 curas y religiosos asesinados.

Del 18 de julio al 1 de agosto: 861 clérigos asesinados.

Agosto de 1936: 2.077 asesinatos (más de 70 al día), incluyendo 10 obispos.

Los asesinatos acumulados a 14 de septiembre sumaban 3.400 sacerdotes y religiosos asesinados (no contamos laicos) en menos de 2 meses. El resto de las víctimas se repartirán durante los siguientes años de la guerra. El montante de clero asesinado en España, entre 1936-1939 fue de unos 7.000 eclesiásticos y unos 3.000 laicos martirizados por ser católicos. Los sacerdotes asesinados, supuso un promedio del 40% en las diócesis desbastadas (si bien en algunas llegó al 80%). Sobrepasan con creces el número de 10.000 los mártires de la década de los años 30. No son victimas de ninguna guerra, eso es lo que pretenden los “laicistas” posicionarlos en un bando. No pueden ser caídos porque ni empuñaron las armas, ni tomaron partido; porque ni provocaron al injusto agresor ni hicieron uso de su recurso a defenderse; porque no murieron en el campo de batalla ni lucharon en ningún bando… Les dieron muerte sólo por no negar a Cristo. Este por no blasfemar, aquel por ser adorador, el otro por pertenecer a la Acción Católica, aquella por confesar o ir a diario a Misa… murieron por odio a la religión.

Sus verdugos no eran incontrolados ni grupos desorganizados. Se organizaron en comités de milicias y patrullas de control con anuencia del Estado. Establecieron centros de detención. Buscaban personas concretas y tenían listas de nombres. Durante más de medio año, las autoridades republicanas dejaron hacer a milicias y anarquistas. La impunidad al atentar contra los católicos se había incubado años antes, como hemos referido con las quemas de conventos de muchas ciudades españolas del año 1931 y 1932. Contándose mas de 22.000 iglesias y capillas destruidas o totalmente saqueadas.

Perdonar supone la renuncia del derecho al justo resarcimiento, echar fuera el resentimiento, no guardar rencor; pero nunca olvido, ignorar el mal inflingido, eso forma ya parte de nuestro pasado… Nada hemos pues olvidado, nada hay pues de lo que hacer memoria; sólo hemos guardado prudente silencio en bien de la reconciliación a costa de no oficializar lo obvio.

Sobra la memoria histórica lo que tendrá que hacer, quien le corresponda, es la legitima restitución de aquellas otras victimas de una guerra “incivil” a quienes durante el franquismo no se honró. Pero ese, es otro cantar son victimas que no mártires. Caídos en combate, presos y ejecutados, o victimas colaterales… que requerirán revisión histórica, reconocimiento u homenage pero nada que ver con una declaración martirial. Que no los confundan con aquellos otros que simplemente fueron masacrados por su condición de sacerdote, religioso o creyente practicante. Y cuyo único delito fue llevar un hábito o tonsura, frecuentar el templo, pertenecer a una asociación católica o practicar la caridad con los necesitados. Murieron devolviendo palabras de perdón, de alabanza y bendición frente a la blasfemia y el insulto de sus ejecutores. Son mártires de la persecución religiosa de la década de los 30, no de la Guerra Civil.
¿Hasta cuando seguiremos empleando la memoria selectiva? ¿Cuándo empezaremos a relatar la historia con objetividad? ¿Cuándo dejará el poder de manipular el pasado? ¿Cuándo llegará el día en que la historia dejen de narrarla los vencedores?

Recojo aquí unas cuantas webs para quien necesite hacer memoria:

'Las checas del terror', por César Alcalá
http://www.forumlibertas.com/frontend/forumlibertas/noticia.php?id_noticia=8667

'Yo escogí la esclavitud', testimonio de 'El Campesino', comunista cazacuras durante la Guerra Civil y fugado de Siberia bajo Stalin.
http://www.forumlibertas.com/frontend/forumlibertas/noticia.php?id_noticia=7361
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Agosto de 1936, las últimas horas del doctor Salgado: "perdónales de corazón"
http://www.forumlibertas.com/frontend/forumlibertas/noticia.php?id_noticia=9065
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Francisco Martínez García: periodista, jurista, alcalde y mártir de 1936
http://www.forumlibertas.com/frontend/forumlibertas/noticia.php?id_noticia=8409
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jueves 17 de julio de 2008

No hay excusa que valga... ¡Ale, pa Misa!


En una jocosa tertulia sacerdotal me relataban la anécdota del celo de un cura rural de los años 40, que no se conformaba con la apatía espiritual de sus parroquianos. Los aldeanos andaban en sus tareas menudas (¡menudas tareas!) y no acababan de encontrar ocasión propicia para acudir a Misa. Como quiera que las campanas se cansaban de llamar a la feligresía y esta hacía oídos sordos, andando cada uno a la suya…, el cura determinó a salir en buscarles.
Dejando a los monaguillos colgados de la cuerda del campanario, dando los toques, y a las viejas beatas rezando el rosario; recorría las callejas de la aldea mandando para la iglesia a todo el que se encontraba. Así, con desparpajo y descaro, les urgía a dejar sus ocupaciones y acudir al templo.
–Fulanito ¿Qué haces que no vas a Misa?
–¡Es que tengo que cuidar las cabras!…
- Deja las cabras que Dios te las cuidará ¡Tu anda pa Misa!
Y dejando perplejo al cabrero seguía su recorrido. Llegaba al horno, entraba, y con voz sonora llamaba al hornero:
- Menganitoooooo, a la paz de Dios ¿Tu porqué no vas a Misa? ¿No oyes la campana llamándote?
– Padre, es que tengo que echarle un ojo al pan.
- Deja el horno, que Dios vigila tus panes. ¡Tu anda pa Misa!
Y el hornero se rascaba la testuz incrédulo, mientras el cura proseguía su camino retando a los vecinos a dejarlo todo para acudir, al templo, a su cita con Dios. No creais que no le faltaba algún feligrés respondón: - Si usted fuera un buen “Parróooco”… vendría a decir la Misa a las 8 de la mañana, como Dios manda, y no a las 12. Hombre ¡Que estas no son horas!

Excusas, excusas, y mas excusas… para con Dios siempre tenemos excusas. Al que no quiere ir a Misa todas las horas le son malas ¡Como aquellos invitados al banquete de bodas de la parábola del Evangelio! Uno tras otro, declinaban acudir con los motivos diversos provocando así, con su desprecio, el enojo del Señor. Vivimos en una sociedad del pragamatismo y la inmediatez. Todo cuanto hacemos ha de resultar útil práctico o ha de reportarnos algun beneficio inmediato. De modo que si el tiempo no es oro, al menos hay que intentar conseguir que lo sea.
- ¿Yo ir a Misa?¿Para qué? Hemos pérdido el sentido de la gratuidad; menospreciamos el gesto de compartir tiempo con Aquel que sabemos que nos ama; ya no sabemos conversar con sosiego y reposo, sin prisas; nos hemos tornado incapaces de detenernos, serenar el corazón y elevar el pensamiento en oración humilde; se nos hace difilcil guardadr silencio, callar y dejar a Dios hablar, escuchar y meditar la Palabra; ignoramos el valor del gozo con el encuentro con los hermanos en la fe... Pero sobre todo, andamos demasiado ocupados y pre-ocupados con lo que gratifica de inmediato, lo que se palpa, lo que reporta. Y Dios trabaja en la gratuidad y responde a otro ritmo; su eficacia funciona con otra lógica. ¡Ya puede Dios dar y darse una y otra vez, que yo ando "a mis cabras o echando un ojo a mis panes"... que es lo que sirve para algo!¡Ya se puede poner una y otra hora de Misa para dar facilidades, que ninguna le vendrá bien al que siempre anda a la suya!
Pero, más allá de esa realidad, la ocurrencia de aquel celoso párroco de aldea me hizo reflexionar sobre nuestra pastoral. Una pastoral que no sabe sacudirse las inercias. Andamos aún con esquemas más propios de cristiandad que de tiempos de misión y evangelización. Nos creemos que cuando el campanario da los toques a Misa los hombres van a dejarlo todo y acudir sin rechistar al encuentro con su Hacedor. Y desatendemos el mandato de Cristo que -hoy como ayer- nos urge: Salid a los caminos y convenced a la gente para que entre hasta que se llene mi casa”. ¡Hemos de salir de los templos! Ir en busca de las gentes en la calle! Allí, en las encrucijadas y caminos de la sociedad, hemos de invitar a los maltrechos mujeres y hombres de nuestro tiempo a acercarse al banquete que Dios nos ofrece.

Los cristianos andamos amilanados ¡Que envidia me da cuando veo a las parejas de jóvenes mormones, que dedican al menos un año de su vida, misionando en un país ajeno predicando su fe, sin vacilar en asaltar a los viandantes para darles una mini-catequesis! ¡Que testimonio me ofrecen las parejas de testigos de Jehová que, con descaro, tocan a la puerta de las casas -oportuna e inoportunamente- presentando su credo! ¡Que ejemplares me parecen los misioneros de la Iglesia evangélica que andan pertrechados de la Santa Biblia comprometiendo a las gentes a profundizar en el conocimiento de la Sagrada Escritura y a convertir sus vidas! Y por contra ¡Que congoja me entra cuando veo a los católicos apáticos en el apostolado, disimulando su fe en sus ambientes, callando mientras se ofende o persigue a la Iglesia! Tibios, cobardes, pusilánimes... porque andan desnuridos, ¡porque no comen a Dios y el mundo se los come a ellos!. Nuestros católicos, a base de quedarse "cuidando sus cabras" en lugar de sentarse a la mesa de Dios, han perdido las energías espirituales necesarias para testimoniar su fe.
¡Santo descaro nos hace falta para acercar la gente a Dios! Gente buena pero que anda muy dejada. Somos demasiado mirados para invitar a las cosas santas mientras que el mal no pierde el tiempo, campando a sus anchas, sin dejar escapar ocasión de distanciar a los hombres de Dios.

Con sutiles artes, el enemigo, siempre nos pone por delante otras tareas más humanamente “necesarias” que atender a Dios; nos distrae con trabajos más útiles que “perder” el tiempo en ir a Misa; nos enreda con empeños más urgentes para no acudir al templo… Persuadidos de la conveniencia de obrar esto o aquello, antes que acudir a Misa, muchos hombres y mujeres se excusan de atender a la invitación al divino banquete. Sin embargo, Dios insiste en su empeño de hacernos comensales suyos, de sentarnos a su mesa, de dársenos como alimento de nuestra fe, esperanza y caridad. ¿Seguiremos los curas revestidos en la sacristía sin remangarnos en la evangelización? ¿Seguirán nuestros católicos desentendiéndose de su deber de hacer apostolado? ¿Seguirán los bautizados "cuidando sus cabras y celando sus panes" antes que acudir al encuentro con Dios?...

Señor, que los católicos no silenciemos la grandeza de la Eucaristía; que no nos quedemos indiferentes ante la ausencia de nuestros familiares, amigos y vecinos; que les alentemos a participar, a dejar sus afanes y acudir a Ti. ¡Que salgamos en su busca y les mostramos la riqueza de gracia que se pierden! Ayúdanos a vencer nuestras inercias e ingeniárnoslas para saber presentar a los otros,manera atrayente, el extraordinario valor del banquete al que nos invitas en cada Misa; a saber despertar en todos el deseo de tratarte e intimar contigo.

viernes 11 de julio de 2008

Mirando al futuro sin olvidar nuestras raíces

El calendario liturgico nos propne hoy la figura de S. Benito, aquel gran hombre que realizó la evangelización de la multitud de pueblos de Europa. San Benito es un maestro que nos inculca autenticidad, discreción, dinamismo, amor al orden y a la paz, gran sentido de Dios. Su figura nos brinda ocasión de reflexión sobre nuestro maltrecho continente. Sus monjes configuraron la unidad del continente. Pablo VI decía que ellos “llevaron con la cruz, el libro y el arado, la civilización cristiana”, señalando así la estrecha tarea de evangelización y civilización que desarrollaron.
En la Edad Media el hermanamiento de fe y la razón –pese a ser tiempos de barbarie- dio abundante fruto, la armonía entre la oración y el trabajo logró el progreso del continente. Su lema: ora et labora, que oración y acción deben ir juntas en bien de la humanización del mundo no ha perdido vigencia. El amor a Dios –si es sincero- no puede separarse del amor a los hombres. Una fe cerrada en sí misma no es cristiana; y del mismo modo toda acción, por bienintencionada que sea, si no brota de la fe, termina por volverse estéril.

Europa es resultado de la hibridación lograda de fe y razón, y no sólo resultado de ésta última, como se han empeñado en contarnos desde la ilustración para acá. Si Europa fuera sólo el resultado de la razón pensemos en los límites del pensamiento grecorromano y concluyamos lo poco que hubiese avanzado en los derechos humanos y sobre todo de los más frágiles de nuestra sociedad. Eugenesia, exposición de niños, suicidio, eutanasia, esclavitud, marginación de la mujer o el enfermo… sería justificadas. Si Europa fuera resultado sólo de la semilla de la fe, sus hombres -a semejanza de Oriente- no habrían conocido el afán de transformar la realidad, de luchar por la justicia, de defender al débil, de implantar un reino de justicia, amor y paz… eso que, en lo secular, se denomina “progreso”. Los benedictinos fueron hombres de oración, pero también de libro y arado. Marcaron el progreso intelectual y progreso técnico en tiempos de los bárbaros.

Por mas que nuestros políticos se obstinen en silenciar las raíces cristianas de Europa, la identidad de Occidente esta impregnada de cristianismo en cualquiera de los aspectos que la configuran. Y sólo desde esa referencia obligada se comprende su historia, arte o pensamiento. Sólo en el evangelio podemos encontrar las claves para comprender todos su movimientos sociales, sus revoluciones o innovaciones, ideológías y progresos…
Nada escapa al referente cristiano, ni siquiera el pretendido "progresismo laicista", que carente de toda originalidad, no es otra cosa que un movimiento reaccionario. No afirma sólo niega, no aporta sólo elimina, no enriquece sólo sesga. Laicismo es la vana pretensión de organizar la sociedad sobre valores y principios arreligiosos. Pero ignora que esos valores emanaron del cristianismo y recurre a ellos sin reconocerlos como tales; eliminando de ellos toda referencia sobrenatural: “¡Al Cesar lo que es del César y a Dios, lo que a cada cual le plazca!”, se trata de una ideología de raíz cristiana pero formulada sin Dios ni evangelio, de una ética cristiana secularizada.

Europa va a la deriva, los arrogantes ilustrados le han cortado las raíces y aquella sabia, la que le había nutrido y hecho prospera durante siglos, ahora le falta. Por eso se ha convertido en un continente caduco, sin creatividad y que sólo es capaz de reparar en los límites en lugar de abrir perspectivas como antaño. Europa se aboca a una cultura de exaltación del placer y la muerte: de “eros y zanatos”; de pansexismo y esterilización, de eutanasia y aborto...

Juan PabloII escribe: “En nuestra época, San Benito es el patrón de Europa. No lo es únicamente por sus méritos particulares de cara a este continente, su historia y su civilización. Lo es también en consideración a la nueva actualidad de su figura de cara a la Europa contemporánea. Se puede desligar el trabajo de la oración y hacer de él la única dimensión de la existencia humana. La época actual tiene esta tendencia... Se tiene la impresión de una prioridad de la economía sobre la moral, de una prioridad de lo material sobre lo espiritual. Por una parte, la orientación casi exclusiva hacia el consumo de bienes materiales quita a la vida humana su sentido más profundo. Por otra parte, en muchos casos, el trabajo ha llegado a ser un peso alienante para el hombre...y casi contra su propia voluntad, el trabajo se ha separado de la oración, quitando a la vida humana su dimensión trascendente...

No se puede vivir de cara al futuro sin comprender que el sentido de la vida es más grande que lo material y pasajero, que este sentido está por encima de este mundo. Si la sociedad y las personas de nuestro continente han perdido el interés por este sentido, tienen que recobrarlo...”

Nuestra Europa neopaganizada, necesitada más que en el siglo VI de hombres intrépidos como Benito. Europa necesita de comunidades creativas como aquellos benedictinos, capaces de construir un futuro de autentico progreso. Europa necesita de cristianos conscientes de su misión y cumplidores de su tarea que siembren evangelio en sus ambientes. Nuestras parroquias han de convertirse en focos de espiritualidad y evangelización, en pequeñas comunidades creativas y misioneras. Hemos de recordarle a Europa que para mirar al futuro no hay que olvidar las raíces.
Señor, que hiciste del abad san Benito un esclarecido maestro en la escuela del divino servicio, concédenos, por su intercesión, que, prefiriendo tu amor a todas las cosas, avancemos por la senda de tus mandamientos con libertad de corazón y evangelicemos la Europa de nuestro tiempo con nuestra oración y trabajo.

miércoles 9 de julio de 2008

¿Por qué han quitado una Misa?

En los meses de verano –en muchas parroquias de la ciudad- suele reducirse el numero de Misas y no sólo porque merman los fieles al ausentarse durante las vacaciones (marchándose de viaje o trasladándose a su segunda residencia en busca de relax y descanso) sino por que la gente evita salir a la calle a determinadas horas para eludir el golpe de calor. Esta práctica no sólo es asumida con naturalidad por la feligresía sino agradecida incluso.
Sin embargo, me contaba un párroco amigo que al cambiar al horario de verano le vino a quejarse una única persona: - “Oiga ¿Y por qué han quitado una Misa?” le dijo en tono interpelador.
Uno pensaría que la reclamación vendría de alguna persona piadosa, de práctica diaria… Pero, ¡que va! El único que venía pidiendo explicaciones era el pobre que a diario pide en la puerta del templo. Y, de que aquel es pobre yo no lo dudo porque ante Dios todos lo somos; otra cosa será que tenga verdadera necesidad material. Pero allí cuenta las horas en la puerta la Iglesia “pordioseando” (pidiendo por Dios) pero curiosamente nunca pidiéndole a Él. Nunca entra a visitarle, teniéndole tan cerca; nunca entra a agredecerle, debiéndole tanto. Nunca pasa del quicio, asaltando con su mano tendida a quienes le frecuentan.

Es un hecho contrastado que nuestros pobres se disputan la entrada de los templos para pedir ¿Por qué será? No son los ricos y poderosos los que allí acuden; no son personajes influyentes los que de allí salen… sin embargo, allí están los pobres. No he visto -en mi vida- ni un solo pobre pidiendo en la puerta de un banco o de un centro financiero; y lo lógico seria ponerse a pedir allá donde se mueven grandes sumas de dinero. En aquellos lugares todo el que pasa, o lleva una abultada cartera para ingresar o sale con la billetera repleta del reintegro. ¡Pero no, allí no se pide... porque nadie da! No he visto muchos pobres pidiendo en la puerta de los supermercados… y lo lógico sería -cuando se tiene hambre- ponerse a pedir donde abundan los comestibles y donde todos salen aprovisionados. ¡Pero no, allí sólo se compra no se regala nada! No he visto nunca a los pobres pedir en la puerta de los lugares de diversión: bares, discotecas, pubs… y lo lógico sería pedirle a aquellos que gastan en juerga de lo que les sobra para vivir. ¡Pero no, alli -con unas copas de más- sólo se dá la tabarra. No son sitios para pedir.
No pretendo, en estas líneas, reflexionar sobre el negocio de la mendicidad sino sobre la razón de porqué el templo se presenta como espacio privilegiado para que el mendigo vea satisfecha su demanda. Sea esta real o fingida.

El pedigüeño acude con más puntualidad al primer toque de Misa, que el fiel mas piadoso y cumplidor. Y por lo que me contaba el párroco tiene más interés en que se celebren Misas que el Romano Pontífice. Pero ¿por qué esto así? ¿Por que se disputan la puerta de nuestros templos? La respuesta es bien sencilla, ellos han captado -con su teológica parda-, mejor que los doctores que tiene la Iglesia, el estrecho vínculo que existe entre "Sacramento y la Caridad". Por ello se disputan aquel espacio de la ciudad donde los hombres se abren con mayor facilidad a la generosidad. Allí donde todos nos sabemos indigentes y por ende solidarios. Allí donde abierto el corazón no cuesta nada abrir el monedero. Y donde el que llega no pasa indiferente o si no le dio al entrar algo deja caer al salir.

Esta escena del indigente interesado en las razones por las que se quita una Misa, me traía al recuerdo la reciente exhortación “Sacramentum Caritatis”, y concretamente su tercera parte: “Eucaristía que se ha de vivir”, donde el Papa refiere a las consecuencias del participar en la Eucaristía. Así el que cree en la Eucaristía y la celebra tiene que llevar esa Eucaristía a la vida. Ahí Bendicto XVI escribe páginas hermosas sobre la necesidad de comprometerse en una mayor justicia social, en la preocupación por los pobres y por los que sufren, para que nuestra celebración sea válida. Y eso –antes de que el sínodo lo redactase- lo tenían clarísimo nuestros pobres por eso -aunque no entren al templo- no abandonan su umbral.
Celebrar la Eucaristía es manifestar el amor a Dios y la caridad es celebrar y manifestar el amor al hermano. Eucaristía y caridad no pueden estar separadas, el que celebra y adora a Dios en la Eucaristía, al salir de ella, está llamado a servir al prójimo, a perdonar al prójimo, a trabajar por un mundo más humano, más de acuerdo al proyecto de Dios, sino la fe sería un rito vacío, sin sentido.

Y en este tenor, Señor, yo también hago mía la protesta del pobre: ¡Que no se quiten Misas! ¡Que se pongan mas Misas! Tantas como hagan falta hasta que cale en el corazón de los cristianos este deseo de darse, de hacer de nuestras vidas ejercicio de entrega y donación. Ese llegar al templo con el sentimiento propio del que se sabe menesteroso, necesitado; ese sabernos ante Dios indigentes, pordioseros… como hijos pródigos que vienen con sus torpes argumentos pidiendo perdón; como administradores injustos que -ante el inminente despido- tratan de ganarse amigos con el injusto dinero; como humildes Zaqueos que quieren restituir al otro el doble de cuanto nos aprovechamos de él. ¡Bendita Misa que nos hace solidarios con los pobres! Gratis hemos de dar lo que gratis recibimos. Y aunque dar unas monedas -no es Cariridad- es sólo un gesto, en él va expreso el noble propósito de compartir, de poner lo nuestro al servicio del otro, de ser desprendidos, de mostrarnos sensibles y generosos... y por ahí se principia la vivencia del Sacramento.
¡Cuánto nos queda por aprender de la relación Eucaristía y Caridad…!

viernes 4 de julio de 2008

Vacacionar en cristiano

Con el estío llega el tiempo de vacación... tiempo liberado de obligaciones para poder cultivar aquello que nos relaja. Fuimos creados por Dios para vacacionar. El Edén era unas vacaciones permanentes, ociosidad gozosa. Y desde que perdimos esa prerrogativa quedó en nosotros reminiscencia de aquella hechura; así andamos -contando los días- esperando la llegada de las ansiadas vacaciones. Aristóteles afirmaba que el ideal de la vida buena era la contemplación.
Lamentablemente vamos tan acelerados por la autopista de la vida que hemos olvidado cómo se descansa verdaderamente. La mayoría de las veces llegamos al verano con la agenda repleta de cosas por hacer: leer estos libros, atender estos o aquellos compromisos familiares o sociales, viajar de de un sitio a otro con atascos de horas. Verano es sinónimo de un torbellino de tareas informales pero agotadoras. No tiene nada de extraño que muchos retornen de las vacaciones con mas cansancio del que se llevaron tras de sí. Para otros el veraneo es sólo holgazanería, entre dormir y perronear se les van los días. También son muchos los que, centrándose sólo en sí mismos, cierran su pequeño mundo a los demás para practicar sus caprichos; pero sobre todo -en vacaciones- se cierran a Dios. Vacacionar es para ellos echar el cierre al espiritu.
Saber descansar es un arte y conviene aprender a practicarlo. Un arte que principia por llevarse a Dios de vacaciones. Sólo él, Señor del tiempo, nos abre a la contemplación y nos adentra en su disfrute. Sólo él puede obrar el milagro de serenar la tormenta y convertir en suave brisa el huracán. Sólo él puede enseñarnos a vivir con plenitud.
Mons. Salinas nos propone, al comienzo del verano, el “Decálogo de la vacaciones cristianas”. Son un conjunto de invitaciones para vivir la vacación con provecho para el cuerpo y el alma; para vivir el gozo de cada dimensión de nuestro descanso.
1.- Vive la naturaleza. En la playa, en la montaña, en la serranía, descubre la presencia de Dios. Alábale por haberla hecho tan hermosa.
2.- Vive tu nombre y condición de cristiano. No te avergüences en verano de ser cristiano. Falsearías tu identidad.
3.- Vive el domingo. En vacaciones, el domingo sigue siendo el día del Señor y Dios no se va de vacaciones. Acude a la Eucaristía dominical. Tienes además más tiempo libre.
4.- Vive la familia. Dialoga, juega, goza con ellos sin prisas. Reza en familia. Asiste al templo también con ellos.
5.- Vive la vida. La vida es el gran don de Dios. No hagas peligrar tu propia vida y evita riesgos a la vida de los demás.
6.- Vive la amistad. Desde la escucha, la confianza, la ayuda, el diálogo, el enriquecimiento y el respecto a la dignidad sagrada de las demás personas.
7.- Vive la justicia. No esperes que todo te lo den hecho. Otros trabajan para que tú tengas vacaciones. Ellos también tienen sus derechos. Respétales y respeta sus bienes.
8.- Vive la verdad. Evita la hipocresía, la mentira, la crítica, la presunción engañosa e interesada o la ociosa vanagloria.
9.- Vive la limpieza de corazón. Supera la codicia, el egoísmo y el hedonismo. Vacación no equivale a permisividad.
10.- Vive la solidaridad. No lo quieras todo para ti. Piensa en quienes no tienen vacaciones, porque ni siquiera tienen el pan de cada día. La caridad tampoco toma vacaciones”.
Ojala amigos lectores, y atendiendo a estas claves, aprovechemos nuestras vacaciones y descansemos, abriendo de para en par el corazón al gozo del encuentro distendido y relajado, abriendo los ojos a la contemplación reposada, y abriendo la mente a la comprensión sosegada de los otros... para así volver esponjados de Dios. Sabiendo enriquecernos en cada encuentro, sabiendo crecer en amistad con nuestro Padre Dios y sabiendo acrecentar en nosotros el deseo de darnos sin medida en bien de los demás.
¡Que tengais buenas y santas vacaciones!

miércoles 25 de junio de 2008

María, siempre tuyo.


En la serpenteante carretera de montaña que conduce al pueblo donde resido, hay que pasar cinco puentes. En el último de ellos, sobre uno de los muros de protección, hay una curiosa pintada que puede leerse desde lejos: “María, siempre tuyo” y una fecha. Sin duda se trata de la hermosa chifladura de un enamorado que, sin poder contener su afecto por su amada, no encontró mejor forma de pregonar a los cuatro vientos su deseo de consagrarse a su amada. Así lo testimonian aquellos brochazos amarillos.
Desde el primer día que llegué destinado aquí, al toparme con aquella aquellas letras escritas como sencilla y sentida declaración de amor humano, el corazón me dio un brinco de gozo. ¡Bendita expresión de la voluntad de darse para siempre, de no reservarse nada, de expropiarse a sí mismo y no pertenecerse para ser del otro…! Cavilo que si así de extremoso se hace el amor humano cuando el sentimiento es maduro y sincero, cuanto más debiera serlo el amor cuando es santo y a lo divino se consagra.
Cada vez que regreso de mis afanes a la porción de fieles que la Iglesia me encomendó, al atravesar el puente –mecánicamente- el pensamiento se me va a Ntra. Señora. ¡María siempre tuyo! La Virgen ha jugado un papel fundamental en mi biografía. Bajo su atenta mirada, en la venerada imagen de Ntra. Señora de la Capilla fui bautizado y tomado en brazos del sacerdote me consagró a ella. Por ello, siempre que a mis afanes voy y de mis afanes vengo, aquella expresión: ¡María, siempre tuyo! me sirve de recordatorio; hace función de señal de tráfico para indicarme cómo he de conducirme, el proceder que he de observar...

Cada 24 de junio celebro mi aniversario de ordenación sacerdotal. Y no dejo de recordar que María concibió y engendró a Jesucristo, el primer sacerdote, y que, a lo largo de la historia, ha ido engendrando a Cristo en el corazón que aquellos hombres que Dios elige y llama al ministerio. Ella, mejor que nadie sabe que cada sacerdote ha de ser viva imagen de su Hijo Jesucristo; otro Cristo en el mundo.
Ella fue educando al Jesús humano, fue forjando su voluntad, su carácter… De María aprendió esa profunda religiosidad, esa capacidad de contemplación y silencio. De María aprendió la aceptación gozosa del plan de Dios y la entereza ante el sacrificio.
También a mí, María madre, quiere educarme como sacerdote. Educar mi corazón, haciéndolo manso, humilde, limpio, lleno de misericordia. Educar mi sensibilidad, abriéndola a la belleza de la naturaleza, a las maravillas de Dios, a las necesidades de mis hermanos. Educar mi temperamento, haciéndolo paciente, generoso, sereno, desprendido.

Es más María, con su sacrificio amoroso, con su dolor ofrecido a Dios, se convirtió en Corredentora, colaboró con su Hijo en la salvación de los hombres. El sufrimiento es propio de la condición materna. Sufre al dar a luz, sufre por el hijo enfermo, sufre por el hijo ausente, sufre cuando ve morir a los hijos. Dios dota el corazón de madre de compasión y de entereza para saber sufrir con heroísmo.

El sacerdocio también es soledad y sufrimiento, es saber ofrecer permanentemente un sacrificio y una liturgia. El crucificado es la biografía de todo sacerdote. La Redención pasa por la cruz. Por hacerse pan roto, partido para que las almas se alimenten de mí. Por hacerse vino de alegría para mis hermanos los hombres.

Deseoso de ser fiel al ministerio recibido y necesitado de auxilio para ello quise consagrar mi sacerdocio tras la primera Misa ante una imagen de Ntra. Señora con una formula que repito cada aniversario en la festividad del Bautista.

Reina y Señora mía: apenas renacido de las aguas bautismales mis padres me consagraron a ti en tu advocación de la Capilla. Hoy, para gloría de la Trinidad santa que te ha elegido madre de Cristo y madre nuestra, deseo consagrarte el ejercicio de mí sacerdocio.
Consciente de mí indignidad para la tarea que se me encomienda, pero confiado en tu poderosa ayuda maternal, inicio con ilusión mí ministerio ¡Acompaña mí peregrinación en la fe!
Enséñame a ser siempre dócil a la voz del Señor y, como tú, a mostrarme siempre sensible a las necesidades de los hombres, mis hermanos.
Ilumíname con el testimonio de tu servicio a la obra de la salvación y tu perseverancia en la oración; con la luminosidad de tu entrega a Dios Padre y el incondicional amor con que cuidas de tus hijos
Alcánzame la gracia de poder celebrar la Eucaristía todos los días de mí vida y de hacerlo con unción; el don de no estorbar jamás a la acción del Espíritu santo; la virtud de no escandalizar, de no apagar en nadie la llama de la fe y la esperanza; el celo apostólico necesario para vivir todas mis entregas desde la fe y para amar a Dios con corazón indiviso.
Concédeme, Madre, una caridad capaz en todo de amar y servir, un espíritu de piedad sincera, y un deseo infatigable de acercar a los hombres a Cristo. Que aprenda de ti a vivir siempre con esperanza de cielo,
Que seas tu, mi auxilio y compañía en los momentos de soledad y desaliento. Que cuando llegue la hora de la cruz enciendas en mí la ilusión para que acierte a mantenerme fiel hasta el final. Que tu intercesión constante haga fructífero mí ministerio y lo convierta. en camino de santificación. Amén.

lunes 23 de junio de 2008

Cuando se piensa...

La festividad de San Juan Bautista, celebro –con crecida conciencia de indignidad- el aniversario de mi ordenación sacerdotal. Los aniversarios se proponen en la existencia humana -so pretexto de celebración- como una ocasión propicia para detenerse y pensar; como privilegiada oportunidad para mirar el camino recorrido y elevarse en acción de gracias y aprender de lo vivido. ¡Señor, que indigno me siento! Y este sentimiento de indignidad que me embarga no nace de la falsa modestia, ni siquiera de mis constantes luchas, ni las dudas que me sobrecogen cuando observo mi mediocridad o las envidiejas, ambiciones o políticas demasiado mundanas en la sufrida Iglesia. Mi conciencia de indignidad brota de CUANDO SE PIENSA... (Hugo Wast ):

Cuando se piensa que ni la Santísima Virgen puede hacer lo que un sacerdote;

Cuando se piensa que ni los ángeles, ni los arcángeles, aquellos que vencieron a Lucifer pueden hacer lo que un sacerdote;

Cuando se piensa que solamente un sacerdote puede perdonar los pecados y que lo que él ata en el fondo de su humilde confesionario, Dios, obligado por su propia palabra, lo ata en el cielo, y lo que él desata, en el mismo instante lo desata Dios;

Cuando se piensa que Jesucristo, en la última Cena, realizó un milagro más grande que la creación del universo con todos sus esplendores, y fue convertir el pan y el vino en su Cuerpo y su Sangre para alimentar al mundo; y que este portento, ante el cual se arrodillan los ángeles y los hombres, puede repetirlo cada día un sacerdote;

Cuando se piensa que la humanidad se ha redimido y que el mundo subsiste porque hay hombres y mujeres que se alimentan cada día de ese Cuerpo y de esa Sangre redentora que sólo un sacerdote puede realizar;

Cuando se piensa que un sacerdote cuando celebra en el altar tiene una dignidad infinitamente mayor que un rey y que no es ni un símbolo, ni siquiera un embajador de Cristo, sino que es Cristo mismo que está allí repitiendo el mayor milagro de Dios;

Cuando se piensa que el mundo moriría de la peor hambre si llegara a faltarle ese poquito de pan y ese poquito de vino;

Cuando se piensa que eso puede ocurrir, porque están faltando las vocaciones sacerdotales; y que cuando eso ocurra se conmoverán los cielos y estallará la tierra, como si la mano de Dios hubiera dejado de sostenerla; y las gentes aullarán de hambre y de angustia, y pedirán ese pan, y no habrá quien se lo dé; y pedirán la absolución de sus culpas, y no habrá quien las absuelva, y morirán con los ojos abiertos por el mayor de los espantos;

Cuando se piensa que un sacerdote hace más falta que un rey, más que un militar, más que un banquero, más que un médico, más que un maestro, porque él puede reemplazar a todos y ninguno puede reemplazarlo a él;

Uno comprende... que durante media hora, cada día, será mucho más que todas las dignidades de la tierra y que todos los santos del cielo, pues será Cristo mismo, sacrificando su Cuerpo y su Sangre, para alimentar al mundo
.” De: Hugo Wast, novelista y político argentino cuyo nombre era Gustavo Martínez Zuviría (1883-1963). Navega hacia alta mar, págs. 1750-1751, en Obras Completas, ediciones Fax, Madrid.


No puedo menos, Señor, que apropiarme de las palabras de Jan Twardowski (1915-2006): "De mi sacerdocio tengo miedo; mi sacerdocio me infunde temor; ante mi sacerdocio me postro en tierra; ante mi sacerdocio me arrodillo". No puedo evitar, cuando lo pienso, que "La grandeza de tu sacerdocio infunde temor. Y sentir la tentación de exclamar con san Pedro: "Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador". Porque me cuesta creer que Cristo me haya llamado precisamente a mí. ¿No habría podido elegir a cualquier otro, más capaz, más santo?" (Benedicto XVI) ¡Que extraordinario misterio!

Sólo la convicción de que tú, Jesús, me has mirado con amor precisamente a mi y me hace confiar, me alienta. Señor, tu lo sabes todo, tu sabes que te quiero.